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César González Muñoz

Malos negocios en el altar del libre comercio

Publicado el 27-08-2008

En una reunión gremial reciente, el presidente Uribe manifestó su preocupación por la evolución de las relaciones comerciales con México. La tierra del águila y el nopal se ha convertido es una de las principales proveedoras de bienes importados en el mercado colombiano, mientras que las exportaciones colombianas tienen un opaco desempeño.

En los últimos años, México surge como uno de los principales vendedores de aparatos y material eléctrico, de grabación o imagen, de vehículos y sus partes, de productos químicos orgánicos y de una variedad de bienes manufacturados. China y México se disputan desde hace cuatro años, con leves diferencias entre sí, el segundo lugar como exportadores a Colombia, por encima de Brasil, Alemania, Japón, España o Venezuela.

Dentro de este escenario general hay aspectos significativos: por ejemplo, México ha sido en los últimos dos años el principal proveedor mundial de vehículos y sus partes en el mercado colombiano, levemente por encima de Estados Unidos, Japón y Corea del Sur. Además, si usted compra una lavadora, o una nevera, o algún otro aparato electrodoméstico importado, es muy probable que sea de manufactura mexicana.

¿Qué hay detrás? La clave es la desgravación arancelaria acordada en el Tratado de Libre Comercio del Grupo de los Tres, o G-3. Este Tratado, más bien gris y poco mentado en los medios, regulaba el comercio entre Colombia, México y Venezuela hasta cuando la República Bolivariana se retiró hace dos años. Ahora es, estrictamente, un arreglo bilateral. Debe recordarse que el G-3 entró en vigencia desde enero de 1995; el bloque comercial no alcanzó mayores alturas, enredado en discusiones sobre normas de origen, regulaciones fitosanitarias y cosas por el estilo. Entre 1996 y el 2000, el comercio intra-bloque creció solo de 3.200 a 3.900 millones de dólares.

A comienzos de esta década, el Grupo hizo acuerdos sobre la aceleración de la desgravación arancelaria y el aumento de las cuotas anuales de exportación de determinados bienes, especialmente de vehículos. Ello le dio una dinámica adicional a las transacciones comerciales. México fue el beneficiario principal.

Entre tanto, el presidente Chávez insistía en que el G-3 no debía ser solo un ejercicio de integración económica, sino que el énfasis debía ponerse en la alianza geopolítica desde el río Grande hacia el sur, para crearle contrapesos a la hegemonía de Estados Unidos. En ese sentido, la posición venezolana se acercaba mucho a la visión brasileña de la integración continental. Al fin, el Gobierno venezolano declaró que sus preferencias estaban en el fortalecimiento del Mercosur y que abandonaba el G-3, lo que ocurrió a finales del 2006.

Los mexicanos fueron a los negocios concretos. Al amparo de la desgravación y de la expansión de cuotas, ha logrado crecientes superávit comerciales con Colombia: de 332 millones de dólares en el 2002, hasta 2.452 millones en el 2007. Este año vamos a repetir la dosis del pasado, y las ventas colombianas no pasarán de 600 millones de dólares. El déficit comercial con los 'manitos' en los dos últimos años ha sido el más grande en comparación con cualquier otro de los 'socios comerciales' colombianos.

El G-3 ha sido un acto fallido. Colombia le entregó a México algunos mercados de mucha importancia, y los factores de compensación han sido nulos, en términos de diversificación productiva interna, aumento de la productividad o expansión de las oportunidades de empleo como resultado de la cooperación económica con esa nación. El Gobierno colombiano hizo un mal negocio. Y de ribete, los titulares del pasaporte color vino tinto tenemos muchas dificultades y demoras para conseguir una visa mexicana de turismo o de negocios. La injuria se le añade a la herida.

cgonzalm@gmail.com

César González Muñoz

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