La campaña electoral de los Estados Unidos está bastante confusa. De una parte, no se entiende cómo después de dos períodos presidenciales, los efectos de la guerra en Irak y Afganistán y el reciente desenvolvimiento de la economía, la ventaja del candidato demócrata no sea de por lo menos diez puntos. Por el contrario, hay un empate técnico con tendencia a mantenerse o a que empeore frente al candidato republicano.
De otra parte, la actividad errática de Barak Obama, a quien ya llaman el 'candidato telepronter', por su dificultad en ser coherente y consistente cuando tiene que hablar por sus propios medios sus intervenciones mesiánicas, desde ofrecer la solución al calentamiento global hasta la marginalidad y la pobreza, o el de estrella cuando se declara 'ciudadano del mundo', lo alejan cada vez más de la figura que un candidato confiable debe tener para el elector americano al momento de votar.
Por el contrario, McCain, con sus 71 años a las espaldas, con la carga política del enorme desgaste del presidente Bush, permanece a la rueda de Obama, pese a la poca ayuda de los congresistas de su partido, quienes desde las propuestas incoherentes en temas tan sensibles como el energético, por los escándalos financieros o sexuales en que se involucra, poco lo favorecen.
Hay que volver atrás, para medio comprender lo que está pasando. La victoria de Obama sobre Hillary fue muy cerrada, y claramente esta última triunfó en los estados con mayoría de obreros blancos y en los llamados 'estados bisagra'. Obama no resultó favorecido. Por el contrario, este hecho y sus errores posteriores, lo dejaron mal parado.
Su imagen racial, a medida que pasa el tiempo, lo está llevando a un limbo, el cual no lo fortalece en ningún lado. Frente a los afroamericanos, su origen racial mixto, nacido en Hawai, así como haber sido criado por sus abuelos blancos sin los valores culturales exigidos, a pesar de su actividad en los guetos negros de Chicago, y su pertenencia a iglesias extremistas como la del reverendo Wright, no lo califican como un claro exponente del pensamiento y los intereses de este grupo étnico. Muchos lo ven como un moderado al estilo Colin Powell.
A ello, se suman los retrocesos en su discurso para atraer a los otros grupos raciales y no generar demasiadas suspicacias. Por el contrario, los blancos lo ven como una clara amenaza, con un discurso extremista, jugando la carta racial cuando le conviene, acompañado de una esposa radical con su famosa tesis de grado en Princeton y sus acciones y declaraciones dentro de la misma campaña. Además del reverendo Wright, su ancestro musulmán, etc., etc. Los no afroamericanos, no lo ven como un moderado al estilo Colin Powell.
Todos estos factores tienen un efecto acumulativo en las dos partes en que se divide el electorado en esta campaña. Y la interrelación entre ellos, producirá su efecto como ya lo estamos viendo. Lo que está en juego y pondrá a prueba la madurez del elector americano es el salto hacia el vacío, que implica el cambio por el cambio que predica Obama, sin políticas coherentes y propias, aplicables a la realidad, con un gobierno muy desgastado como único punto de apoyo.
También están los intereses de un grupo étnico, que ve en esta oportunidad la reivindicación de sus pretensiones centenarias. A ellos se suman los llamados jóvenes, los cuales apoyan cualquier cosa que, como es normal en la juventud, les implique reafirmarse ante la situación prevaleciente, no importa con quién o con qué. Queda el elector raso, que como en el pasado ha demostrado su sensatez decidiendo en conciencia al momento de votar. Deberá escoger entre un Mesías, un 'Showman', o un presidente.
albertosch@cable.net.co
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