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Alberto Schlesinger Vélez

¿Hasta dónde?

Publicado el 05-06-08

La evolución de los precios del petróleo está llegando a un punto a partir del cual cualquier cosa es posible. Nadie sabe a ciencia cierta qué está sucediendo. Muchas causas y efectos se perciben, pero aún no se definen. Ni los expertos más connotados se atreven a dar un diagnóstico definitivo y mucho menos a predecir lo que sigue.

Hay quienes creen que el barril puede llegar a los 200 dólares. Otros opinan que entre los 130 y los 150 dólares debería empezar a retornar a un nivel de equilibrio alrededor de los 80 dólares. Analistas señalan que desde un principio, hasta el año 2002, el precio promedio de referencia en términos constantes ha estado alrededor de 20 dólares, que a precios corrientes de hoy sería de 70 dólares. Los interrogantes son múltiples. ¿Qué tan alto puede llegar?¿Cuál es el punto de quiebre en el alza? ¿Qué tan rápido será el ajuste hacia abajo?

Lo cierto es que, sobre todo en el 2003 y el 2004, cuando más aceleradamente creció la demanda, el efecto fue absorbido por una economía mundial en expansión. Otro cantar es en el entorno actual de recesión, donde las mayores alzas se han dado en los últimos seis meses. Más del 30 por ciento.

Debemos volver a las causas: las estructurales, y las demás, especulativas, políticas o financieras. En cuanto a las primeras, es claro que a partir del 2005 se inició una reducción sostenida en la demanda, la cual, con los niveles actuales de precio debería acelerarse aún más. De otra parte, la reducción en la oferta ha sido mayor, compensando dicho efecto. Regionalmente, esta disminución viene dándose en los E.U., el Mar del Norte y México, principalmente. Hoy la expansión de la producción depende, fundamentalmente de Arabia Saudita. Los países en desarrollo y la Opec, por diversas razones, han sido muy lentos en reaccionar.

Hay que considerar el tiempo que toma desarrollar nuevos campos con un fenómeno al que no se le ha prestado mucha atención y es el crecimiento desmedido en los costos de producción. El capital humano es tremendamente escaso. Su preparación viene de disminuir sensiblemente en la época de precios bajos de los 80 y los 90. Ni qué hablar de los equipos. Así por ejemplo, un taladro de aguas profundas, si se encuentra, ha cuadruplicado su tarifa de arrendamiento en los últimos cuatro años.

Luego, a pesar de los precios, la carga de la inversión en dólares se ha hecho demasiado alta y en consecuencia el riesgo, sobre todo cuando se sabe que una buena parte de los niveles actuales obedece a causas no estructurales, que pueden reversarse.

Entramos entonces, en el petróleo como refugio del capital que se aleja del dólar desvalorizado, de las acciones golpeadas por la caída de la economía mundial, a su vez alimentada por la misma alza en los precios del barril. En este ambiente, la especulación, nerviosismo y desconocimiento de lo que sigue, mantiene artificialmente una proporción significativa de los precios actuales.
Quedan las fuentes alternativas, las cuales, por lo menos en lo que al transporte se refiere, vienen avanzando, pero obviamente no a la velocidad requerida para producir un cambio tangible en el mediano plazo.

Estamos enfrentados a una situación en que, salvo por el componente no estructural, el cual es muy volátil, no se ve posibilidad inmediata de que los precios tiendan a estabilizarse a niveles mucho más bajos. El horizonte, un tanto lejano, dependerá de: políticas e incentivos gubernamentales, avances tecnológicos, reducción en el consumo y estrategia empresarial.

Alberto Schlesinger Vélez

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